Por W.
Un centenar de varones jóvenes, algunos incluso podrían ser menores de edad, se organizaron para atacar en grupo a las trabajadoras sexuales travesti trans de la zona roja de los Bosques de Palermo. “Las cercaron. Fue como un torbellino, un huracán. Las rodearon”, dijo una de las mujeres trans que sobrevivió a los palos, las piedras, las botellas y los fierros. Sucedió el fin de semana pasado y fue una cacería al mejor estilo n4zi fascista, un linchamiento de muchos contra pocas. Los jóvenes se organizaron, concretaron el ataque y lo exhibieron en redes sociales, porque mostrarlo forma parte de alcanzar el reconocimiento de una parte de la sociedad que se identifica con esa violencia.
Estas formas de la violencia no son nuevas, la violencia contra las trabajadoras sexuales y las mujeres travestis trans lamentablemente tiene larga data, pero también acumulación de experiencia de organización y lucha, porque para ellas habitar esta sociedad nunca fue fácil pero hoy es más difícil. Esta forma de violencia tampoco llegó con el gobierno de Milei, pero sí se vió exacerbada por sus ideólogos faro de los discursos de odio; los trolls libertarios en redes sociales; el desfinanciamiento deliberado de políticas públicas garantizadas por las leyes de Identidad de Género y de Cupo Laboral Travesti Trans y; desde luego, la palabra del propio presidente. Sobre esto último, basta recordar su discurso en enero de 2025 en en el foro de Davos y obviamente, la multitudinaria marcha del orgullo antifascista que recorrió el país en respuesta a su violencia.
Son estas las condiciones de posibilidad que hacen que los discursos de odio pasen al acto y quienes lo concreten sean pibes reunidos con ese fin, alentados por adultos desde las máximas instancias del poder institucional. Vale señalar que esta responsabilidad política le cabe también al Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, cuya gestión se caracteriza por desplegar una demagogia punitiva “a lo Bukele” pero en CABA y una persecución sistemática a los vendedores callejeros de paltas. Su vicejefa de gobierno, Clara Muzzio, forma parte de las filas antiderechos y desde que asumió insiste en referirse a la Educación Sexual Integral como “ideología de género”, acusar a los feminismos por la baja en los índices de natalidad o, afirmar que “hay dos sexos, el masculino y el femenino”.
En un mundo cada vez más distópico, resulta urgente construir nuevas narrativas. Los discursos de odio que apuestan a la construcción de un enemigo en el que depositar las frustraciones que este sistema genera, y la retórica de la autogestión individual de las emociones deja a las infancias y adolescencias cada vez más solas, rotas y violentas. Mientras que las derechas, e incluso los progresismos, responsabilizan a los feminismos por la reacción conservadora, el capitalismo en su fase más salvaje alienta y crea condiciones de posibilidad para el recrudecimiento de las prácticas machistas. Es necesario entonces, habilitar la construcción de otros imaginarios. Lxs pibxs tienen que poder soñar otros mundos en los que la identidad sea fortaleza y no peligro, en donde la afectividad no deba ser regulada sino habitada y compartida. La ESI es imprescindible para esta tarea.
Este sábado las lesbianas, gays, bisexuales, travestis, trans, intersex y queer llevarán como cada año su fiesta a las calles. La marcha del orgullo es un gesto rebelde que exorciza el miedo y la bronca con purpurina, baile y alegría. Un cross a la mandíbula de la gris distopía. Seamos entonces miles este sábado en las calles, viviendo el sueño del mundo que soñamos.

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