La política para tontos

Estamos en un escenario donde el degradado ex-ministerio de educación, hoy secretaría, se degrada aún más. En el Encuentro Nacional de Educación Básica (rebautizando lo que la Ley de Educación Nacional denomina educación obligatoria) realizado el jueves 20 de marzo, se llevó adelante una jornada donde fuimos testigos de la banalización de la educación, el vaciamiento de sentido de la escuela y la subestimación del quehacer docente. En la exposición denominada “Educación y regulación emocional”, brindada por Roberto Rosler, especialista en neurociencia, a la cual asistió la ministra de Capital Humano Pettovello y el secretario de educación Torrendell, quedó cristalizada parte de la sistemática destrucción de la política educativa. Si bien se trató de un espacio de trabajo de la gestión, donde había funcionarixs y equipos técnicos provinciales y nacionales, no se habló de política pública, o de política educativa. Se llevó adelante una especie de capacitación pensada más bien para docentes, donde se explicó cómo realizar "clases cerebralmente amigables": la importancia de la pantalla y los tips para armar power points fueron las estrellas de la presentación.



También se dieron pistas acerca del impactante proceso de banalización de la educación. El neurocirujano desplegó estrategias para favorecer el pasaje de los “inputs” presentados por lxs docentes a la memoria a largo plazo y así refirió a la importancia de la atención, la memoria de trabajo y el procesamiento de información. En todo momento la enseñanza quedó reducida a eso: a la presentación de información de manera atractiva para que lxs estudiantes la recuerden, tomando en consideración que el cerebro no retiene más de 10 datos por hora. No hubo lugar para pensar en los contenidos ni en su relevancia, puesto que las neurociencias desconocen la dimensión cultural de la educación. Tampoco se hizo espacio para reflexionar sobre la comprensión. La repetición y los juegos asociativos de palabras toman el lugar fundamental del quehacer educativo, y en ningún momento se promueven mecanismos más complejos de enseñanza y de aprendizaje como son los análisis de los procesos sociales o, por supuesto, el desarrollo del pensamiento crítico.

El especialista propone el uso de juegos, y aprovechó para hacer un ensayo in situ, alentando al auditorio a que a través de una aplicación/página web se desarrolle un juego de preguntas y respuestas sobre los contenidos de su propia charla, con videoclips de música que sirvieron para "alegrar" el vapuleado espacio de definición de la política pública. Entre aplausos y risas, algunos de los presentes pudieron olvidar (si es que lo tuvieron presente en algún momento) las acuciantes necesidades en las que se encuentra nuestro sistema educativo, que hoy en día no recibe prácticamente ninguna orientación -y muy poco presupuesto- por parte de este organismo nacional. Pero sí se habló del rol docente, que tiene que intentar seguir el principio de K.I.S.S. (Keep It Simple, Stupid! ¡Mantenlo simple, estúpido!) para pensar sus clases. Con contenidos relevantes, eso sí, acompañados de imágenes que atraigan, que despierten la atención aunque sea a riesgo de trivializar el contenido. Y es que el contenido es relevante en la medida en que admita un vínculo con los intereses inmediatos de lxs estudiantes, por lo que sería válido invitarlos a asociar los nombres que queremos que recuerden con estrellas de rock, sin omitir detalles que puedan resultar hilarantes para lxs jóvenes como que lxs rockerxs son todxs drogadictxs o depresivxs. Desde esta perspectiva, la relevancia deja de estar puesta en el valor social del contenido y la educación deja de ser una oportunidad para ampliar el horizonte cultural de lxs pibxs.


Todo este enriquecedor contenido estuvo decorado, también como una forma de mantener la atención del público (o lo que podrían ser estudiantes), con mensajes estereotipados y “chistes” sexistas y misóginos por parte del disertante, que sistemáticamente tomaba situaciones cotidianas para ejemplificar algunos de sus propósitos, cayendo en el lugar común del hombre tristemente casado, que reniega de sus hijxs. Al mejor estilo de humorista de los años 80/90 sentenció que “el cerebro de la mujer es maravilloso, sólo tiene un defecto: un trastorno compulsivo por la maternidad”.



Mención aparte se lleva la sistemática referencia a cuestiones sexuales, también tipificadas en el sexo heterosexual y aburrido con la jabru “como en el sexo, cuanto más grande mejor”, el organigrama de la erección masculina “para que se levante el pajarito” y las imágenes erotizadas para mantener la atención.


No es casual que este tipo de invitaciones sean propuestas por este gobierno, y no es solo porque se presentan como graciosas y entretenidas. Sino porque justamente descontextualizan los procesos de enseñanza y de aprendizaje, banalizan los contenidos educativos, producen ciudadanos capaces de repetir, pero no de producir pensamiento crítico y autónomo, y sobre todo corren al Estado de su responsabilidad de generar condiciones materiales y subjetivas para garantizar el derecho a la educación. Sin dudas la secretaría de educación se ha convertido en una gran aprendiz del principio K.I.S.S (recordamos el significado de las siglas, por si no pudieron retenerlas ante tanto dato impactante: Keep it simple, stupid! ¡Mantenlo simple, estúpido!).

En estos tiempos donde tenemos la mirada inquisitiva de Sturzenegger sobre nuestro organismo, donde está de moda cerrar ministerios nacionales de educación, nuestro ministerio se desmorona gracias a la política para tontos. Pero nosotrxs no somos tontxs. Este ministerio tiene aún una pila de trabajadorxs formadxs (por profesión o por expertise) que logran dar contenido y sustento a los vestigios de las viejas políticas que siguen funcionando (con renovadas limitaciones) porque el Estado es mucho más que el gobierno y aún se sostienen muchos engranajes que son difíciles de detener. En esos desengrasados engranajes somos lxs trabajadorxs quienes realizamos nuestra tarea con responsabilidad restituyendo el contenido político pedagógico del denostado encuentro. 

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