RELATOS SALVAJES II- Escenas de las últimas semanas en la Argentina- Las calles de la resistencia

¿Qué rol jugó y juega el arco progresista y de las izquierdas en este escenario tan corrido a la derecha? ¿Dónde estuvimos y qué hicimos mientras la derecha jugaba su propio juego en el Congreso durante el tratamiento parlamentario de la Ley Ómnibus? Ante estas preguntas surge una primera respuesta de veracidad irrefutable: estuvimos en la plaza del Congreso exponiéndonos a una brutal represión que no terminó en tragedia solo porque, hasta ese momento, la policía no tenía autorizado el uso de armas de fuego. Las tres fuerzas federales amedrentaron y torturaron a quienes nos encontrábamos en la calle en un despliegue exagerado que decía más del sadismo y el ánimo aleccionador del gobierno, que de la presión de lxs manifestantes.

El día miércoles 31 de enero, primera jornada de tratamiento de la Ley en general, las fuerzas de seguridad dejaron en claro su preocupación por garantizar la libre circulación tanto de la Av. Rivadavia como de Hipólito Yrigoyen. Fue esta la excusa para avanzar con camiones hidrantes por la primera de estas avenidas y hacer retroceder a las columnas. Además, hubo gases lacrimógenos y algunas detenciones innecesarias. El jueves 1 la represión escaló incorporando un elemento de tortura novedoso: un gas pimienta que quema la piel y las mucosas y que por su consistencia oleosa no se quita con agua. También se multiplicaron los heridos por balas de goma, las corridas y las detenciones. Varixs diputadxs exigieron sin éxito la interrupción de la sesión ante este escenario y bajaron a la calle para mostrar su apoyo a lxs manifestantes; pero el debate siguió y el viernes por la tarde la Ley obtuvo un dictamen positivo en lo general, mientras afuera en la Plaza se desarrollaba un festival en defensa de los derechos y la cultura. Con la suerte de la Ley ya sellada, la policía avanzó sobre un grupo de jubiladxs y lxs gaseó. No estaba cortada la calle, no había disturbios, no peligraba el tratamiento de la Ley, no había motivos más allá del deseo de provocar. Nuevamente la noche nos encontró desconcentrando en medio de un operativo cerrojo encarado por una cantidad de agentes de seguridad muy superior a la cantidad de manifestantes.

Este último punto no se nos puede perder de vista: no es momento de ser exitista ni de creer que desde las calles volteamos la Ley, aunque es innegable la importancia que tuvo la presencia en la Plaza, en general, y la resistencia a la represión en particular, especialmente el día jueves. Asambleas barriales, organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos de izquierda, organizaciones estudiantiles, de la cultura y de los DDHH, coexistieron en la plaza durante tres jornadas sin lograr la masividad del paro general del 24/01, pero sin renunciar a la defensa colectiva de nuestros derechos. Resulta indispensable que las centrales obreras garanticen las condiciones de posibilidad de las concentraciones populares pero bien vale destacar también que su inacción no redunda en la pasividad del pueblo trabajador. Desde la Verde Roja y Negra lo dijimos en reiteradas oportunidades: no es momento de esperar, la pelea es ahora. El modo en que la protesta en las calles ejerció presión sobre lxs diputadxs, habilitó la construcción de acuerdos de unidad en la acción y nos recordó el papel activo que lxs trabajadorxs tenemos en la transformación de nuestra realidad, fue aquello que nos permitió celebrar la caída de la Ley sintiéndonos protagonistas de ese proceso. Y ahora… ¿cómo seguimos?

El fin de la Ley Ómnibus es solo un respiro pero de ninguna manera un triunfo: un posible cogobierno entre LLA y el macrismo complejiza mucho el escenario e incluso podría tornarlo más peligroso en la medida que esta última fuerza logre vehiculizar las expectativas que LLA no logra alcanzar debido a sus errores técnicos y políticos. Por otro lado, sigue vigente el DNU con el que el gobierno avanzó de hecho en una reforma laboral detenida solo por los recursos de amparo presentados ante el poder judicial. La vicepresidenta no habilita hasta el momento su tratamiento en el Senado. Y todo esto habiendo pasado tan solo dos meses desde la asunción de Javier Milei.

Sin duda la organización desde abajo habilitó rápidamente espacios de resistencia ahí donde los dirigentes políticos, sociales y sindicales dilataban e impedían la participación democrática de sus bases. Desde abajo Se avanzó en la construcción de unidad en la acción, a pesar de la tibieza de las dirigencias de los gremios que se hicieron presentes sólo para las fotos y abandonaran la Plaza Congreso sin garantizar un esquema de seguridad sólido para lxs trabajadorxs que allí permanecieron. Con esta actitud, en donde tampoco faltaron los cruces y la imposibilidad de construir colectivamente los criterios de intervención, no solo la derecha se debilita en sus internas, sino también lo hacemos quienes resistimos a su embate.

Es urgente la definición de un plan de lucha a largo plazo construido democráticamente desde abajo al que se comprometan con su acompañamiento las dirigencias y las centrales obreras. Sólo así podremos sostenernos en el tiempo para dar la pelea que este escenario nos exige. Seamos los protagonistas no solo de las represiones sino también de las transformaciones. El momento es ahora.

 


 

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