¿Por qué molesta el trabajo estatal?

por Soledad Areal


El domingo 3 de septiembre Clarín publicó como nota de tapa que, pese a la prohibición establecida por decreto, durante el 2023 se produjeron miles de nombramientos irregulares en el Estado. La prosa es menos formal: “Meten a otros 15.000 estatales en un año”. No se especifica quién “mete”, aunque la duda se esfuma cuando al final de la volanta se lee “la gran mayoría son militantes del kirchnerismo”. En un contexto preelectoral en el que los candidatos de la ultraderecha inflan su imagen construyendo chivos expiatorios, los medios les allanan el camino alimentando la figura del ñoqui/militante casi como si ambos conceptos fueran sinónimos. Puede que la demonización de la militancia sea una de las huellas más profundas que dejó el terrorismo de Estado, pero ni siquiera es ese el problema: la presunción de que lxs trabajadorxs estatalxs somos agentes de un determinado gobierno habilita a que se nos despoje de los derechos adquiridos por cualquier laburante.

El número al que refiere Clarín es real y responde a los concursos internos a través de los cuales pasarán a planta permanente trabajadorxs que se encuentran desarrollando sus tareas en los ministerios hace al menos 5 años. Sin embargo, lxs estatalxs pareciéramos no merecer el derecho a la estabilidad.

Ser estatal cuando el Estado no funciona

El resultado de las PASO admite una diversidad de análisis, pero arroja una certeza: gran parte del electorado votó por propuestas que minimizan el valor del Estado. Este, como entidad abstracta, encuentra en lxs trabajadorxs públicos su expresión más concreta y la ecuación es sencilla: si no funciona, nosotrxs tampoco. Y hay algo que es cierto, el Estado no está funcionando. No importa con cuánta fuerza gritemos que nuestro trabajo son los derechos del pueblo si esos derechos son vulnerados por un sistema que ya alcanzó un estadio de extremo salvajismo. Cuando en 2015 nos tocó enfrentar al macrismo esta consigna resultó poderosa. 

Quizás nos faltó decir que la definición de las políticas no es responsabilidad directa de lxs laburantes aunque la opción de trabajar en el Estado tiene mucho que ver con la defensa de lo público como espacio de construcción/disputa popular. En los límites de nuestra función quedamos entrampadxs ¿somos el Estado?, ¿hablamos su voz o usamos la nuestra para denunciar aquello que no funciona? La opinión pública construye nuestra identidad desde presupuestos que también giran en torno a estas preguntas. SON TODOS ÑOQUIS- se escucha. ENTRE EL ESTADO Y LA MAFIA ME QUEDO CON LA MAFIA- dice el candidato más votado en las PASO. Y nosotrxs buscamos dar respuesta sin tener del todo claro si debemos defendernos o enorgullecernos:

• “Sí, algunxs de nosotrxs somos militantes”.

• “No, no somos ñoquis”.

• “Trabajo en el Estado por compromiso político con el pueblo”.

• “No creo en este modelo de Estado pero igual elijo lo público”.

• “Yo simplemente vengo a trabajar”.

• “Si el Estado se achica me quedo sin trabajo”.

• “Si el Estado se achica te quedás sin derechos”.

• “Sí ya sé que no tenés derechos, yo también la estoy pasando mal”.

• “Sí, ya sé que no tenés derechos y tu lucha es mi lucha”.

Identificar qué nos une en la diversidad para presentarnos ante una sociedad que hoy es invitada permanentemente a desconfiar de nosotrxs está resultando un desafío complejo. En la pandemia muchxs fuimos trabajadorxs esenciales pero las capas de héroes y heroínas duraron tan poco como la certeza de que saldríamos mejores de esa odisea. Cabe preguntarse, incluso, qué rol jugó la pandemia en la profundización del individualismo. Entonces, ¿cómo volvemos a encontrarnos lxs estatalxs en un escenario de profunda deslegitimación social y en muchos casos decepción personal? Quizás los derechos como conquista social sean una clave. Los nuestros, los de la clase, los del pueblo. Recordar el porqué de lo público para que la organización no sea una defensa corporativa sino la reconstrucción de un nosotrxs sin el cual nada va a ser posible. Reconstruir el nosotrxs para poder respondernos la pregunta que nos ronda. ¿Por qué molesta el trabajo estatal? Porque cuando lxs trabajadorxs estatalxs nos reconocemos en el pueblo, no se admite el paso atrás. Ni un paso atrás.



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