No se carga SUBE nunca más

por Valeria Iglesias


Una vez le oí decir a Myriam en una entrevista, en respuesta a la acusación de que un gobierno de los trabajadores era una utopía, que utopía también era creer que con el capitalismo se podía terminar con la pobreza. Así estamos, entrampados hace rato, tratando de encontrarle la vuelta a las encerronas que el sistema nos pone cuando tenemos que elegir por lo menos peor. Pero es la vida misma: nos levantamos cada día para seguir adelante, para luchar por nuestros ideales, para proponernos ser mejores, más sabios, más felices, más justos (más lo que sea que a cada quien movilice) aún sabiendo que nos vamos a morir. Ya sabemos el final, pero no por eso vivimos desmoralizados. Sin embargo, a veces nos asaltan dudas: ¿para qué voy a militar si total el poder real al final se impone? O también, ¿para qué voy a votar si total son todos iguales? O, como le dijo un conocido a una amiga mía cuando su hijo era un bebé y ella se obsesionaba esterilizando todo: ¿para qué hacés todo eso si total, cuando sea grande, se va a drogar igual?


Pasa que, cuando nos ponemos tan existencialistas es porque estamos con la mirada corta, con la sensación de que todo está dicho, definido, fijado, cerrado. Hace ya muchos años, cuando trabajaba en un colegio de Devoto, y cuando era más difícil conseguir dónde cargar la SUBE, sobre todo en un barrio con pocos comercios, había un kiosco en la parada del bondi donde solía cargarla. Pero un día pusieron un cartel que decía “NO FUNCIONA LA CARGA SUBE”. Y a la semana, un nuevo cartel que decía “NO SE CARGA SUBE NUNCA MÁS”. Traté de ser más precavida, de tener siempre carga en la SUBE y así me habitué. Hasta que un día, después de más de cinco años, para mi sorpresa, el kiosco tenía un nuevo cartel: “SE CARGA SUBE”. Cuando lo leí no pude evitar recordar ese lejano NUNCA MÁS. Y me quedé pensando en cómo algo que había parecido terminante y cerrado había resultado, en definitiva, tan modificable. Recuerdo también haber pensado que NUNCA y SIEMPRE son dos adverbios mucho más relativos de lo que creemos y que lo único que realmente es irreversible es la muerte. Para todo lo demás, existe la esperanza y el optimismo, que es como decir, enarbolemos la utopía que nos guía. Por eso, dejemos limitado el NUNCA MÁS para la muerte y para el acuerdo democrático que hicimos lxs argentinxs con respecto a la dictadura. Esa dictadura que algunas de las opciones que ahora nos ofrece el sistema parece querer reflotar.


Comentarios