El Estado y lo público

por Marcelo Otero


Pasaron 22 años de ese acontecimiento argentino que fue diciembre de 2001. En ese contexto dinámico surgieron otras representaciones, otras identidades, que dieron marco a luchas materiales y de sentido. Esas luchas, los sectores dominantes nuevos y los viejos, los mecanismos de representación de la clase trabajadora y de las clases populares, la memoria histórica y los marcos jurídicos cristalizaron el Estado que conocemos hoy. Un Estado cuyo control fue disputado por dos segmentos, uno que ofrecía cierta redistribución del ingreso sin tocar la riqueza y otro cuyo ajuste incrementó el régimen de acumulación de los sectores dominantes, sobre todo los agroexportadores. Un Estado signado por el deseo de inversiones externas, por procesos de extractivismo y por mantener alguna forma de paz social, sea por las migajas repartidas o por los palos y la puesta en orden. Un Estado que en dos décadas matizó pero luego profundizó la desigualdad, que desmovilizó y desgastó la idea de organización colectiva. Un Estado que en el último lustro giró alrededor de las líneas del FMI. En el marco de una nueva crisis, las elecciones del 13 de agosto sorprendieron con el avance de una ultraderecha ascendente. Derecha votada por muches que no tienen un trabajo en blanco pero sobre todo no se sienten parte de la clase trabajadora. Que sienten que los servicios de salud y educación no les llegan o no tienen la calidad que esperan. Quienes no tienen un hogar propio y se les va el sueldo en un alquiler. Que ven una inflación con ganadores y perdedores. Que ven que gobierne quien gobierne las riquezas van para quienes ya las tienen. A quienes siempre se les habló en singular y ahora sorprenden, por no sentirse parte de algún colectivo. A quienes la crisis ambiental no les importa porque vieron quemarse bosques o llover agrotóxicos y se acostumbraron. A les que no les llegaron las enseñanzas sangrientas del último proceso cívico militar. A los que se sienten desprotegidos ante el avance del feminismo que les cuestionó ese lugar cómodo de machitos. A todos y todas a los que se les dijo siempre que la salvación de Argentina está en conseguir los dólares, un país grande, los 4 climas, la pampa verde, tanto bien natural disponible para cosechar, talar, quemar, extraer para llevar a otro país, a ese que va a darnos esos dólares con los que vamos a vivir como merecemos la clase media. 


Ese Estado que en este proceso electoral se pone en jaque pero no por discursos de cambio, sino por amenazas de clausura. Que no van solo por la administración estatal: hoy se discute fuerte lo público en sí mismo. El recorte no es solo para quienes trabajamos, los programas, los planes, los subsidios. Se grita por terminar con la educación pública, con la salud pública, con la cultura pública. Arroyos, calles, órganos, todo puede ser privatizado, individualizado, parte activa del mercado. La represión policial, la persecución judicial, la estigmatización de quienes luchan se plantean ya sin ambigüedades. 


Frente a esa avanzada entendemos que la organización, lo colectivo y la lucha son la única alternativa. Realizar un análisis sincero y defender una nueva propuesta de sociedad, un espacio del que todes formemos parte y que levante una bandera de equidad y dignidad se torna urgente y necesario.   




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